Obituario
LOUI ALVARO OPORTO ALMARAZ (1978-2013)
No debiéramos ser los padres los que
sepultemos a nuestros hijos sino todo lo contrario, pues ellos tienen la
oportrunidad y el deber de construir el desarrollo de nuestro país. Despido a
nuestro querido hijo Loui Alvaro, con la seguridad que nos recibirá con su
típica sonrisa y generosidad, cuando nos toque el turno de reunirnos con el en
el Alaxpacha.
El fatídico viernes 11 de enero, mi hijo
desapareció, en ocasión de cerrar un trato para tomar un anticrético, para lo
cual llevaba consigo 4.500 dólares. Fueron días de intenso dolor, en medio de
búsqueda frenética e incesante por mi agobiada familia. La Policía Nacional, al
mando del Cnl. DESP Alberto Aracena Martínez, destacó a los expertos del
Departamento de Análisis Criminal e Inteligencia de la Fuerza Especial de Lucha
Contra el Crimen, Capitán Henry Pinto Arancibia, Tenientes Juan M. Ferrufino
Rojas y Ricardo Rocha Villegas y Subtenientes Nelson E. Salazar Chui y Ronald
Arnez, quienes lograron ubicar los restos mortales de Loui Alvaro, victimado
esa misma noche, y dos individuos imputados de tan horrendo crimen, gracias a
su desempeño profesional, su eficacia y eficiencia, remarcables.
El caso fue
sorteado a la Dra. Claudia Pastén Alarcón, Fiscal de la Divisón Personas de la Fiscalía
del Distrito de La Paz, cuyo desempeño probo, honesto y altamente profesional,
es innegable. A ellos la gratitud eterna de mi familia, pues nos devuelven la
fe y confianza en las autoridades que investigan y resuelven casos especiales
como este. Estoy convencido que no tienen que envidiar nada, en su formación y
desempeño, a similares de otros países. Lo que falta a estos profesionales,
expertos, eficientes, probos y honestos, son procedimientos más acordes a su
labor y mayores recursos tecnológicos de punta, pues de su actuación depende la
colección de pruebas cruciales para la imputación efectiva de criminales que no
deben circular por las calles, debido a su alta peligrosidad.
El domingo 20, tuve que presenciar la autopsia
de ley que mostró el cuerpo flagelado de Loui Alvaro, al que acribillaron con 22
puñaladas, con inaudita crueldad. Loui medía 1.70 y era de contextura delgada
pero fuerte. Ante el múltiple y artero ataque, defendió su vida con valentía, logró
detener hasta siete estocadas, pero fue inútil. Perpetrado el hecho, uno de los
autores (un Caín pues se decía ser amigo de mi hijo), confesó que abrió una
fosa en su mismo dormitorio y convivió con el cadáver de mi hijo durante NUEVE
días. La fuerza élite de nuestra Policía Nacional, extrajo su inerte cuerpo de
esa fosa.
Esa noche nos devolvieron el mancillado
cuerpo de Loui, y lo velamos en capilla ardiente. Los hermanos de Loui y su
tía, ornamentaron el féretro: su clásico sombrero de viaje de ala ancha con su
cinta de tigresillo de tierras bajas, su quirquincho orureño, su pluma de
cóndor, su bastón de mando enquistado en plata, la faca chiriguana de madera,
la cadena aymara formada en p'asankalla, su 'warmimunachi" (amuleto del
amor), sus pieles de zorros andinos, compartían con la cruz cristiana tallada
en la tapa del blanco ataúd. Sus hermanos eligieron la ropa de su mortaja:
campera de cuero con flecos con la que viajó por varias regiones del país en
sus investigaciones etnográficas, fino gorro de cuero de zorro para combatir el
frío del altiplano, chaleco de tejido andino con motivos prehispánicos, camisa
de tela fuerte (kaky), morral, moderno pantalón de lona (jean), dos pares de
mocasines de cuero revuelto y sus tenis, chuspa con coca, pañoleta de seda,
peluche de perrito estepario, diademas, collares y manillas de tejido. Ese fue
su ajuar funerario en el que nada faltó, para el tránsito de su espíritu
viajero a confines desconocidos en el Hananpacha, Olimpo, Cielo (según las
creencias), “el mundo de arriba,
los cielos color zafiro de los andes surcados por el Cóndor”.
El lunes 21, a horas 9:30, se realizó
una marcha de protesta que recorrió Plaza San Francisco, Av. Mariscal Santa
Cruz, El Prado, Plaza del Estudiante, Obelisco, hasta detenerse en la Fiscalía
del Distrito de La Paz, donde la indignada multitud exigió JUSTICIA PARA LOUI.
Desde allí nos dirigimos a la capilla ardiente, cuyos ambientes fueron
colmados. Muchos se instalaron en las afueras de la casa funeraria, donde se
colocaron las pancartas y letreros que se usaron durante la marcha. La gente llegaba
en oleadas y se retiraban para dar paso a otros que esperaban en pasillos, además
de la calle. A las 18:30 llegó una delegación del Viceministerio de
Desconolonización (Ministerio de Culturas), que trajo un hermoso retrato de
Loui Alvaro con su clásico atuendo de campo (similar al que se le amortajó),
llevaba un hermoso mensaje bilingüe, aymara-castellano, que fue dispuesto en la
parte principal, flanqueado por una foto más formal que Loui Alvaro usaba para
su matrícula universitaria. Cuatro Amautas, entre ellos el Amauta Adelio y la
Amauta Elizabeth, empezaron el ritual andino para que Loui Alvaro se marchara
en paz. Armaron los elementos de la mesa, con toda su parafernalia, que colocamos
siempre por la izquierda. La mesa, preparada colectivamente, fue colocada en un
pequeño fogón de leña seca de eucalipto, encendida con un poco de alcohol, que fue
consumiendo a tiempo que los Amautas interpretaban su mensaje, en medio de
“Jallallas” (vítores, exclamaciones de júbilo), pidiendo JUSTICIA! Subieron la
mesa, cuyas resinas aromáticas despedían agradable fragancia, a la capilla
ardiente. El piso fue colmado por una alfombra de arreglos floraler que no
cesaban de llegar.
Intermitentemente, gente de buena
voluntad, invitaba a orar por el alma de nuestro hijo, elevando “Padrenuestros
y Avemarías gloriados”, a la par de salmos y oraciones de otras congregaciones
cristianas. Una gran mayoría pijchaba la hoja sagrada (recientemente
despenalizada por la ONU), fumaba cigarrillos y bebía tazas de aromático café.
Ya entrada la noche llegó un numeroso grupo. Eran ex condiscípulos de
bachillerato de Loui Alvaro en el Colegio Mutual La Paz, del barrio alteño del
Kenko, que compartieron recuerdos y anécdotas con compañeros de carrera
(Antropología) y de trabajo. Fluyeron testimonios, en medio de llanto sin
consuelo, que relataban cualidades de Loui Alvaro: “Generoso y solidario”, “Alegre
y optimista”, “Viajero incansable”, “Lector empedernido”, destacando su
“cultura universal”, pero sobre todo su característica de saber escuchar y
apoyar con lo que podía: “…me ayudaste en mis tareas de colegio”, “…me
prestaste libros cuando los necesitaba”, “….me explicaste conceptos
antropológicos”, exclamando dolor por su ausencia y clamando justicia para sus
crueles asesinos. Loui fue generoso, sin reparar detalles en su obra
filantrópica, varios libros a los que aludían procedían de mi Biblioteca
particular. Quizá no los vea más, pues estos instrumentos de cambio y
liberación tienen su orgullo y cuando salen de su estante, no suelen retornar.
En todo caso, cuando vuelvan a leer sus páginas, recordarán siempre a ese
generoso muchacho, tan útil a la sociedad, cuya existencia fue truncada a manos
de otros jóvenes, que actuaron con premeditación, alevosía, saña y extrema
crueldad.
El martes 22, a las 10:30, se ofreció
una misa de cuerpo presente, oficiada por un conocido padre de la Iglesia
Católica, con bellas melodías de fondo interpretadas por un amigo de la
familia, para que Loui partiera a su viaje final con alegría, como era él, sin
duda. Cuatro fornidos jóvenes retiraron el féretro, seguido del cortejo
fúnebre, que bajó por la Avenida Brasil del barrio de Miraflores. Una
impresionante caravana de vehículos se desplazó rumbo a su morada final, en el
cementerio Jardín.
No pudimos reprimir el llanto pues el
dolor embargó nuestras frágiles humanidades. Emiliana, Yatiri de la Ceja de El
Alto, preparó una mesa blanca. El joven músico interpretaba nuevos temas, la
gente lloraba con amargura, todos tenían un nudo en la garganta. Bajaron el
pesado ataúd a la fosa y regamos sobre el tierra fresca. La multitud expresó
sus pésames en interminable desfile. Loui se marchó, recomendado por cuatro
amautas andinos, un cura de la iglesia católica y una Yatiri de la Ceja de El
Alto, que ofrendaron por su alma, para orientarlo en su viaje final.
¿Quién era Loui Álvaro? Estudió
Antropología en la UMSA, y fue lector asiduo de la Biblioteca del Museo
Nacional de Etnografía y Folklore, donde siempre se le abrieron las puertas; pero
también se desempeñó como archivero, razón por la que figura en la obra Guardianes de la Memoria. Diccionario de
Archivistas de Bolivia (La Paz, Vicepresidencia del Estado, 2012), con la
siguiente ficha biográfica, en el que falta la referencia a su actual desempeño
en el Viceministerio de Descolonización (Ministerio de Culturas):
OPORTO ALMARAZ, LOUI ÁLVARO (La Paz, 1 de marzo de 1978)
Estudia en la
Carrera de Antropología-Arqueología (UMSA). Participa en las Reuniones Anuales
de Etnología que organiza el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF).
También asiste a reuniones de Archivos. Trabajó como Auxiliar en el Proyecto de
Organización del Archivo del Servicio Nacional de Áreas Protegidas, bajo la
dirección de Juan Carlos Zurita (2007-2008). Se sumó a las Brigadas
Internacionalistas de Apoyo a las Bibliotecas y Archivos de Bolivia, que
levantó el Censo Guía de Archivos del Servicio de Impuestos Nacionales (2009).
Realizó la ordenación del Archivo del Gobierno Municipal de Colquechaca
(Potosí), financiado por la Cooperación Técnica Alemana GTZ (2009). Trabajó
como Asistente en el Archivo Histórico Regional de Potosí que forma parte del
Sistema de Archivo de la Corporación Minera de Bolivia COMIBOL (2010). Pasante
del Área de Investigaciones del MUSEF para levantar datos etnográficos en
misiones de campo (2012).
[1] Historiador y
archivista. Docente titular de la Carrera de Historia de la UMSA. Director de
la Bibloteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional.
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